Y no prendas la luz

julio 12, 2008

Cumplidos treinta años desde la primera conquista del mundial de fútbol por parte de la selección argentina han sido varios los documentos, en formato libro, revista y audiovisual,  que se publicaron haciendo alusión al suceso. No todos con idéntico enfoque, pero en todos los casos en referencia directa al accionar del gobierno de facto que entonces se encontraba en el poder.

Tuve la oportunidad de ver los documentales Mundial 78: la historia paralela y Mundial 78. Verdad o mentira. El primero de ellos muestra los testimonios de protagonistas de aquella época cuyos relatos recuerdan vivencias de notable oposición. Por un lado, los jugadores y el técnico del equipo argentino; por el otro, hombres y mujeres que padecieron la desaparición y la tortura en manos del terrorismo de Estado. Unos, convertidos en los héroes de entonces por la sociedad; los otros, ignorados en gran parte por la falta de conocimiento de la realidad.

Es fuerte el impacto que produce escuchar de parte de quienes se encontraron secuestrados en el centro clandestino de la ESMA (Escuela Superior de Mecánicos de la Armada), a tan sólo 700 metros del Monumental donde se estaba jugando la final del mundial, cómo oían los el clima de fiesta que llegaba desde el estadio. Resulta sorprendente enterarse que entre tanto dolor y espanto, fueron capaces de gritar los goles incluso entre las paredes frías.

En cuanto a los jugadores los relatos son variados. Desde quienes se reconocen haber estado equivocados por culpa de su joven inocencia e ignorancia, quienes teniendo conocimiento de la situación hicieron lo posible por liberar gente aunque no lo lograron, y quienes todavía sienten con orgullo que el logro alcanzado sólo responde al mérito exclusivo de los jugadores. En definitiva, los flamantes campeones fueron utilizados como el medio con que el gobierno militar buscó conseguir la aprobación popular.

En el segundo documental, Mundial 78. Verdad o mentira, la mirada está dirigida con mayor atención a los testimonios de jugadores de los planteles de Argentina, Perú y Holanda, sobre los cuales todavía sobrevuela el manto de sospecha por sobornos, amenazas y doping. Las versiones de jugador peruano José Velázquez y el argentino Oscar Ortíz despejan cualquier duda acerca de las ventajas físicas en que los argentinos jugaron salieron a la cancha.

El resultado final de aquel mundial acabó con la imagen de Passarella alzando la Copa del Mundo mientras los pulgares del dictador Videla apuntaban al cielo. Afuera, a lo largo y a lo ancho del país, millones de argentinos festejaban abrazados y enloquecidos el mayor logro de la historia deportiva. Adentro, en la oscuridad, otros miles entre sesiones de electricidad y submarinos desconocían si saldrían vivos o seguirían el mismo destino de quienes ya habían despedido para siempre.

El Mundial de Fútbol de 1978 permitió ocultar por casi cuatro años más las mentiras y el terror. La vergonzosa Guerra de Malvinas en 1982 intentó ser el manotazo inútil del ahogado. Un hipotético triunfo en el Mundial de España 82, hubiera permitido postergar algún tiempo más la llegada de la democracia? Y un fracaso rotundo en el Mundial del 78 hubiese quitado crédito al gobierno militar?