Los “derechos humanos” no viajan en tren

Bregar de manera incansable por la defensa de los derechos humanos ha sido para el ex presidente Kirchner el modo más sencillo de convertirse en un líder populista. Simular un tono de voz afligido y apenado cada vez que invoca a los despreciables actos de terrorismo de estado durante la dictadura de los años 70, es propio de su nefasto deseo de ser carismático y querible. La sucesora en el poder, su señora esposa, con detalles de su particular soberbia y arrogancia incapaz de asumir errores, pero igual de populista a la hora de buscar afinidades con Chávez, Lula o Evo, según las conveniencias del caso.

Sin embargo, todo el hermoso discurso tan lleno de palabras románticas de los años ‘70 acaba siendo agredido día a día por la desidia y el desinterés en los hermanos de su patria a quiénes tanto quieren y desean ayudar. No ha pasado más de un mes cuando con bombos y platillos, CFK anunciaba con orgullo y petulancia el ingreso de la nación en la era de la modernidad con la formalización del contrato por las obras del novedoso Tren de Alta Velocidad (o Tren Bala) que unirá las ciudades de Buenos Aires – Rosario – Córdoba. Un paso enorme hacia para situarnos a la altura de los países desarrollados, y para que Florencia no tenga que envidiar nada de lo que ve en Europa.

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Esta semana, el ferrocarril de pasajeros que une las ciudades de Resistencia con la Capital Federal, llamado “El Gran Capitán”, demoró en completar el trayecto la friolera de 47 horas. A bordo de él cerca de 500 turistas, humanos y con derechos, debieron padecer la odisea de transportarse en vagones hace deteriorados hace muchísimos años y sobre rieles corroidos y sin mantenimiento. Al respecto, ninguna voz oficial salió a dar una explicación de los hechos.

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